No busques la luz del entendimiento en el brillo de la mañana, en el oloroso sándalo, en la embriagante uva o en el arrullo de la música, porque no radica en los sentidos ni tiene sitio preciso: búscala en tu interior, en la armonía de cuanto eres, pues es ahí donde vive.

Los estudios al respecto se han basado en la observación de los pacientes con lesiones cerebrales, con supresión quirúrgica de porciones considerables de la corteza cerebral. Halstead (según comenta Ernesto Meneses Morales en su Tratado de Psicología General), observó perturbaciones en la adaptación ambiental de los pacientes. Estableció una distinción entre inteligencia psicométrica e inteligencia biológica.

La inteligencia biológica comprende los aspectos prácticos de la inteligencia que permiten al sujeto hacer frente a los problemas de la vida, pero se corresponden mucho menos con el aprendizaje (particularmente verbal) que la inteligencia psicométrica. Aquellos implican la iniciativa y capacidad para enfrentarse a las frustraciones más que a la habilidad para resolver problemas mediante procesos lógicos.

De estudios que realizó con más de doscientos pacientes concluyó que es inútil buscar la localización de las funciones intelectuales especificas, aunque encontró diferencias significativas en la inteligencia psicométrica de pacientes con ablaciones cerebrales, comparada con la inteligencia biológica de los mismos.

Asimismo, Halstead dijo no identificar ninguna relación constante entre la extensión del daño cortical y la magnitud del índice de perturbación y poco después afirma haber descubierto que los pacientes, cuya puntuación en las pruebas de inteligencia indicaba escasa modificación después de la operación, pero sí manifestaban una considerable pérdida de la inteligencia biológica.

Tal vez sea posible que clínicamente se puedan determinar las partes o al menos hemisferios del cerebro que son responsables de las actividades motoras, incluso las relativas a la memoria, porque los nervios que las conducen tienen en él su destino físico. Lo que sí resulta ser más claro es que el cerebro es el lugar más comprometido con la ubicación de la inteligencia.

Sin ser concluyentes, los estudios de anatomía relacionados con el funcionamiento del cerebro dejan ver que cada lóbulo desempeña una función más o menos determinada, lo cual se presume, porque las heridas recibidas en alguna parte del cerebro dan como respuesta la pérdida de la función motora o sensitiva, pero dichas lesiones no alteran mayormente la inteligencia humana, lo que hace pensar que esta no ocupa una región precisa, pues además se piensa que existe interdependencia general de las funciones motoras y sensitivas especificas.

La Enciclopedia Ilustrada Cumbre dice que “como las vías de comunicación nerviosa, el haz piramidal, motor, se encuentra en el bulbo raquídeo (que une la médula al cerebro), todas las sensaciones y actividades motoras correspondientes a un lado del cuerpo tienen su localización en el hemisferio opuesto.”

En otra parte dice: “La materia cerebral está formada por células nerviosas, neuronas, que forman la sustancia gris o corteza, en tanto que en su interior predomina la sustancia blanca.” Al respecto, “se supone que las diferencias entre la inteligencia del hombre y la del animal se basan principalmente en la cantidad de materia gris.”

En diversa temática y volumen de la enciclopedia referida, encontramos que los defensores del alma espiritual e independiente afirman que es imposible confundir ciertos fenómenos de la conciencia humana con otros de índole material, por ejemplo, una reacción química.

Hay diferencias entre un “pensamiento” y una “mesa” ya que sólo la segunda es material, pero otros opinan que los fenómenos atribuidos al alma son productos materiales, aunque especiales de el cerebro. Este segregaría los pensamientos como el hígado a la bilis. Una conciliación de ambas posturas se encuentra desde Aristóteles, quien creía que el cerebro es el instrumento que el alma utiliza para expresarse.

Todo indica que el pensamiento es un proceso espiritual que obtiene la energía de la materia cerebral, pero su función es inmaterial.

Por tal razón es posible observar electrónicamente (cuando existe lo que los médicos llaman muerte cerebral) que dejó de haber actividad material detectable y que, por lo tanto, la inteligencia deja de expresarse, pero hasta ahí se puede saber, al menos hasta hoy en día. Eso sí, excepto en el hombre, cuya ambigua naturaleza nos está vedada, en ningún otro lugar o evento del Universo, la materia tiene la facultad de prestarse para que la inteligencia se haga manifiesta.

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