Nadie puede medir el espíritu que en el alma se esconde, ni es en el orgullo de un preclaro entendimiento donde éste se manifiesta, sino en la nobleza de su obra y en la virtud de su arte que hasta en el más sencillo se da, pues no está en el ser humano descifrar la maravilla de su grandeza.

Este tema del quántum pertenece más a la psicología que al conocimiento de la esencia intelectual. Por más que el psicólogo o el psiquiatra estén relacionados con la psique, sus disciplinas tienen un objeto formal diferente al estudio de lo que la inteligencia en sí es.

Existen sistemas basados en test que se aplican a los sujetos de la medición, a fin de conocer algunas de sus capacidades, así como para determinar sus niveles de inteligencia. Estas pruebas pueden ser muy eficientes y útiles para conocer la capacidad y la personalidad probable de los encuestados, pero resulta en la práctica que las personas más inteligentes no son siempre las más exitosas.

Todos los adultos podemos constatar que las luminarias de la escuela no siempre fueron las más exitosas en los diferentes ámbitos de la vida social, pues al parecer aún permanece el hombre ignorante de los alcances y vericuetos reales de la mente. Se ha dicho que se desconocen muchas capacidades y que apenas se tiene conocimiento elemental del gran potencial de la mente.

El ingenio y el conveniente criterio para destacar en el mundo de la administración, de los negocios, de la política, incluso de la ciencia y la tecnología que manifiestan tener las personas exitosas, no siempre corresponde a los índices intelectuales determinados en su infancia estudiantil.

De repente, una inteligencia brillante y pronta resulta ser superficial; otra aparentemente divagada y descolorida es más profunda o sustantiva que la primera. Por otra parte, las habilidades manuales y deportivas exigen capacidades que no son fácilmente demostrables por la medición intelectiva. Después de todo, ¿quien va a juzgar el arte? ¿Acaso un examen psicométrico? ¿Qué no es lo bello la manifestación más alta del espíritu y la que mejor distingue al hombre de los irracionales?

Una aceptable memoria acostumbra ir unida a una inteligencia destacada, pero del mundo de los distraídos y desmemoriados han surgido también grandes inventores que han hecho progresar a la humanidad. Es, en consecuencia, arriesgado sacar conclusiones que establezcan reglas seguras de valor universal en tan evasivo tema. Al caminar por el ámbito de la teoría advertiremos que la capacidad pudiese tener dos momentos de su funcionamiento.

Al primer momento lo llamaremos de la “Capacidad A”, la cual consiste en la facultad de percepción.

La velocidad para comprender los conceptos abstractos es el indicativo del estado de esta facultad. Un individuo brillante de la especie capta los conceptos con rapidez por abstractos que sean, extrae los puntos esenciales de un problema y al mismo tiempo los retiene.

Al segundo momento lo designaremos como de la “Capacidad B”, que consiste en la aplicación práctica de los conocimientos adquiridos.

La facultad de inventiva, ingenio y estrategia marcada por el éxito y la productividad, son la medida del estado de esta facultad. Tal circunstancia empobrece los resultados de su medición por los medios tradicionales del test practicado en días o semanas, pues tales resultados son únicamente advertidos en la vida práctica. Un sujeto brillante de esta especie, independientemente de su facilidad o lentitud de percepción, una vez comprendido el concepto, lo aprovecha, pues teniendo un espectro amplio de las cosas, puede establecer estrategias de realización basadas en su experiencia o en su sentido común. De igual manera tiene habilidad de representación imaginaria de eventos posibles de concreción de nuevos modelos de las cosas, ya sea que la idea generadora provenga de la realidad o su fantasía.

Pueden existir individuos que sean brillantes en ambas capacidades o que tengan pocas facultades en una capacidad y grandes dotes en la otra. Lo normal es que se posean facultades en mayor o menor grado en una u otra capacidad.

Desde luego que estamos distinguiendo dos fenómenos que se dan en el entendimiento, pero en su realización interviene lo humano, ámbito donde juegan otros supuestos, como el interés o la voluntad de atención que requiere la “Capacidad A” y además en el evento de la “Capacidad B”, la decisión y el arrojo para llevarlos a cabo; por tal razón, la personalidad individual también cuenta. En ambos eventos hablamos de sujetos que gozan cabalmente de sus facultades mentales.

La determinación del índice intelectual pudede estar más cerca de un mito que de la rígida prueba exigida por el conocimiento científico. De cualquier manera, calcular la inteligencia por los indicadores hasta ahora disponibles otorga mejores garantías para aspectos prácticos.

La mirada del psicólogo sobre la inteligencia es más bien práctica que filosófica, más cuantitativa que cualitativa; en mucho se encamina a medir la inteligencia, las causas de las variaciones de su brillo en un mismo sujeto, su origen hereditario, el funcionamiento de la personalidad, en tanto que califica el temperamento de cada uno aprovecha mejor o no los incentivos ambientales.

La psicología trata de determinar si la inteligencia tiene mayor relación con la herencia o con el medio ambiente en el que se desarrolla. Estudia los problemas de la conducta humana y las causas que la alteran, no desde el punto de vista de la moral, sino en el aspecto emocional.

Por ejemplo, dado que no siempre la edad biológica corresponde a la edad cronológica, aunque en determinadas etapas de la vida puede empatarse o la primera superar a la segunda o viceversa, se preocupa por buscar sus causas y el volumen de su ocurrencia. Idea fórmulas que determinen el índice de brillo intelectual como proporción entre ambas edades para determinar su cociente intelectual.

Esto permite establecer un rango de cien, cuando ambas edades se corresponden, de tal manera que si la edad mental es superior a la cronológica, sobrepasaría el rengo de cien; si no, el cociente mental quedaría por debajo. Un superdotado podría sobrepasar los cien. Esta disciplina, mediante pruebas psicológicas, logra conocer cuál es la escala normal de la población. De la misma manera determina la población que esta por abajo o por encima de ella.

Un psicólogo se ocupa por saber sobre el factor inteligencia y su permanencia hereditaria y cuánto cambia por el impacto de un ambiente favorable o desfavorable, incluso observa cuándo y por qué hay variaciones de brillo intelectual en un mismo sujeto. Los estudios del psicólogo se hacen mediante pruebas, como las de Stanford Binet, a grupos de población en número suficiente que aseguren el no caer en la excepción a la regla.

Además, busca conocer qué conexión hay entre las diferentes habilidades de las personas. Se pregunta ¿qué relación hay entre las habilidades motoras (como correr) con la habilidad para las matemáticas?

El psicólogo se conduce deduce constantes y variables en la conducta, y determina los índices individuales y generales de la comprensión o la fluidez verbal, la habilidad numérica, espacial, de orientación, de abstracción, de velocidad perceptual, así como de la intuición o del razonamiento en general.

El panorama de la psiquiatría, por su parte, es todavía más ajeno a nuestras reflexiones que el de la psicología. De hecho, casi no tiene relación con el tema que nos ocupa, pues aquella -como lo comenta la Enciclopedia Ilustrada Cumbre- es una rama de la medicina que estudia los síntomas y el tratamiento de los trastornos mentales, cuyo origen puede ser orgánico o funcional. Los trastornos mentales de origen orgánico son causados, generalmente, por enfermedades nerviosas, cardiorrenales, arterioesclerosis, achaques seniles, perturbaciones endocrinarias, etcétera.

La medición del intelecto es, en consecuencia, un tema práctico, para fines concretos, de utilidad social. La evaluación referida es sólo un aspecto complementario de las reflexiones que nos ocupan, por lo que no tienen mayor relevancia que la capacidad intelectiva, sea muy brillante o no, pues en ambos eventos hay inteligencia. Lo que nos importa saber es cuál es el origen, la esencia y la trascendencia del fenómeno llamado inteligencia.

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